Amor es un concepto que se emplea en contextos y relaciones
muy diversas. En cada uno de estos espacios asume unos matices diferentes. Tal
vez cuando leemos algo como el título de esta página o el taller que planteamos,
"Personas que aman demasiado", el primero en el que pensamos es el
amor de pareja y en segundo lugar el de padres y madres hacia sus hijos e
hijas.
Sin duda son las relaciones más importantes en nuestras vidas
y están íntimamente relacionadas. Normalmente en la pareja reproducimos la
relación mantenida con nuestros progenitores, esperamos recibir en ella lo que
no recibimos. Buscamos esa mirada, la misma que esperábamos o teníamos en
nuestra infancia y no reconocemos en la que nos ofrecen el amor que deseamos,
si no coincide con aquella forma de mirar en la que sentíamos que nos valoraban
y reconocían entonces.
No pretendo hacer aquí un estudio exhaustivo del amor en
todas sus dimensiones, puede que en algún momento tome alguna de ellas y le
dedique un capítulo exclusivo en las notas de esta página, pero mi intención
hoy es sólo hacer referencia al amplio concepto de amor, o al menos a gran parte
de lo que incluimos en él y que será el verdadero objeto del taller que
realizaremos. Cómo vivimos este sentimiento y mejor aún, desde ése sentimiento.
Cómo lo llevamos a nuestra vida y cómo nuestra vida gira en torno a él. Cómo
adaptamos nuestra conducta y construimos nuestra personalidad, para obtener aceptación,
reconocimiento, afecto. O bien, renunciamos a esa posibilidad, negando su
necesidad, tratando de estar al margen de cualquier emoción que nos ponga en
contacto con nuestra vulnerabilidad.
Tenemos aquí otro tema largo de debate y reflexión, la
asociación que se ha realizado socialmente entre amor y vulnerabilidad, pero
tampoco voy a entrar ahora ahí. Sólo quiero referirme a la variedad de formas
de manifestarse el amor según el tipo de relación, como las mencionadas, amor de
pareja, amor paternal y maternal, amor fraternal, el que hacemos extensivo al
resto de la familia según los lazos que nos unen, empezando por nuestros
abuelos y abuelas y siguiendo con nuestros tíos y tías, primos y primas.
También hay amor en la amistad, aunque generalmente le demos
otras denominaciones, afecto, cariño..., quizás para no llevar a malentendidos,
confundirlo con el amor de pareja, confusión que en el área familiar queda
protegida por el tabú del incesto. Y finalmente hablamos de amor a la
humanidad, que engloba lo más esencial del concepto de amor, el altruismo.
Podríamos hablar de amor desde otra perspectiva, amor
incondicional, amor condicional y también llamamos amor a lo que sentimos por
alguna actividad que nos cautiva, que nos enamora decimos. O por algún ideal
que puede quedar representado en un grupo. En definitiva, el amor es un sentimiento
que surge en nosotros ante determinadas situaciones, sea en relaciones
personales, hacia los animales o por una afición y esperamos que eso ante lo
que se manifiesta cumpla siempre los requisitos para mantenernos en ese estado
de bienestar que se produce.
Sin embargo el amor es algo que nace en nuestro interior y
volcamos fuera. El amor está ahí siempre, esperando la oportunidad para darse y
cada persona tiene sus propias barreras de defensa para dejarlo salir sólo
cuando no teme mostrarse vulnerable, pero esto es desconocer que es el amor el
que nos hace fuertes, capaces, invulnerables. No el amor que recibimos, sino el
que nos damos. Lo único que hace el que nos expresan es convencernos de que
somos seres dignos de ser queridos y es entonces cuando nos permitimos
querernos. ¿Qué sucedería si nos quisiéramos sin esperar a que nadie nos lo
exprese?, amarnos por el simple hecho de existir.
Maite Márquez, psicóloga colegiada, AN05924

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